Pueblo de pecadores

Durante la Audiencia General, el Papa Francisco nos animó a ser testigos del amor de Dios en medio de los hermanos y anunciadores de la misericordia que el Señor tiene para todos sin excepción.

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“Donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo y ese sufrimiento se vuelve suyo, siempre abre los brazos de par en par a los pecadores, independientemente de que hayan transcurrido una vida llena de elecciones equivocadas”.

“Aunque la Iglesia es un pueblo de pecadores, en ella experimentamos la misericordia y el perdón de Dios”.

El escándalo destruye

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre habló del escándalo que supone llevar una doble vida.

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Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”.

A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida”.

Notarios del ‘status quo’

El Papa Francisco, en su viaje a Armenia, comentó el pasaje del Evangelio ‘la paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy yo como la da el mundo’ señalando que “nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar”.

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¡Qué grandes son hoy los obstáculos en el camino de la paz y qué trágicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecución a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferación y del comercio de armas, por la tentación de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los débiles, a los pobres y a los que piden sólo una vida digna”.

También les animó a aprovechar la gran sabiduría de sus ancianos para desear “ser constructores de paz: no notarios del ‘status quo’, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliación”.

El perdón es una fuerza que resucita

En la audiencia general el Papa Francisco explicó la relación entre la justicia y la misericordia de Dios.

Parecen dos realidades opuestas y no es así, “porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”, señaló el Papa.

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Francisco animó a los presentes a resolver los problemas y contrastes en la familia, entre esposos o entre padres e hijos sin dejar de lado la misericordia.

El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera”.

Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna”.

Madre del perdón

El Papa abre la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor por el Año de la Misericordia, cuyo lema es ‘Vence la indiferencia y conquista la paz’. En el acto, sus palabras fueron esperanzadoras para todos:

La fuerza del perdón es el verdadero antídoto a la tristeza provocada por el rencor y la venganza, el perdón abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza agitan la mente y laceran el corazón quitándole el reposo y la paz”.

El perdón de la Iglesia debe tener la misma extensión del de Jesús en la Cruz, y de María a sus pies”.

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El Espíritu Santo hizo a los Apóstoles instrumentos eficaces de perdón, para que cuanto fue obtenido con la muerte de Jesús pueda alcanzar a cada hombre en todos los lugares, en todos los lugares y en todos los tiempos”.

A los pies de la Cruz, María ve a su Hijo que ofrece todo sí mismo y así ofrece el testimonio de qué significa amar como ama Dios. En ese momento escucha que Jesús pronuncia palabras que probablemente nacen de eso que ella misma le había enseñado desde niño: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

En ese momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón y siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a todos los que estaban matando a su Hijo inocente”.

 

 

 

El pequeño martirio de cada día

Su Santidad el Papa Francisco nos ha explicado en su homilía de Santa Marta la importancia de darse cada día:

La vida de la Iglesia es un camino guiado por el Espíritu que nos recuerda las palabras de Jesús y nos enseña las cosas que aún Jesús no ha podido decirnos. Es compañero del camino y también nos defiende del escándalo de la Cruz. La Cruz es un escándalo para los judíos que piden signos y necedad para los griegos, es decir, los paganos que piden sabiduría, ideas nuevas. Los cristianos, en cambio, predican a Cristo crucificado”.

Foto: ecclesia.pt

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Es la fuerza del Espíritu. El testimonio. Es verdad, esto es precisamente el martirio, el testimonio supremo. Pero también está el testimonio de cada día, el testimonio de hacer presente la fecundidad de la Pascua que nos da el Espíritu Santo, que nos guía hacia la verdad plena, la entera verdad, y nos hace recordar lo que Jesús nos dice”.

Un cristiano que no toma seriamente esta dimensión martirial de la vida no ha entendido aún el camino que Jesús nos ha enseñado”.

Por último el Santo Padre nos dio un consejo: “pidamos al Señor la gracia de recibir al Espíritu Santo que nos hará recordar las cosas de Jesús, que nos guiará a la verdad total y nos preparará cada día para dar este testimonio, para dar este pequeño martirio de cada día o un gran martirio, según la voluntad del Señor”.

Sacarle el cuero a los demás

Este miércoles, en la audiencia de la Plaza de San Pedro, nos ha animado a perdonar a los demás, y así parecernos más a Cristo, eso es la santidad de la Iglesia.

Sus palabras desde el comienzo han sido directas: “Cuando recitamos el “Credo”, decimos que la Iglesia es “una” y “santa”, aunque sabemos por experiencia que está compuesta de pecadores y que no faltan divisiones”.

Europa Press

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Jesús, antes de su Pasión, pidió por la unidad de sus discípulos: “que todos sean uno”. Nos confía así su deseo de que la unidad sea una de las notas características de nuestra comunidad. Los pecados contra la unidad no son sólo los cismas, sino también las cizañas más comunes de nuestras comunidades: envidias, celos, antipatías, sacarle el cuero a los demás… Esto es humano, pero no es cristiano”.

En una comunidad cristiana, la división es uno de los pecados más graves, porque no permite que Dios actúe. Dios nos quiere acogedores, que nos perdonemos y nos amemos para parecernos cada vez más a Él, que es comunión y amor. En esto consiste la santidad de la Iglesia: en reproducir la imagen de Dios, rico en misericordia y gracia”.