El pesimismo de la vida no es cristiano

En la capilla de la Casa de Santa Marta el Santo Padre invitó durante la homilía de la misa a la alegría y explicó la razón.

El Señor ha anulado tu condena. Ésta es la raíz propia de la alegría cristiana. Dios es el Dios del perdón”.

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Pero si tú tienes cara de funeral, ¿cómo puedo creer que eres un redimido, que tus pecados han sido perdonados? Éste es el primer punto, el primer mensaje de la liturgia de hoy: tú eres un perdonado, cada uno de nosotros es un perdonado”.

Y el Evangelio, podemos decir, nos hace ver esta alegría: ‘María dichosa se levantó y salió de prisa’. También la alegría nos conduce de prisa, siempre, porque la gracia del Espíritu Santo no conoce la lentitud, no la conoce… El Espíritu Santo siempre va de prisa, siempre nos impulsa: a ir adelante, adelante, adelante como el viento en la vela, en la barca…”.

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El paraíso a todo pecador arrepentido

En la audiencia general, el Papa Francisco nos exhortó a rezar el Rosario, oración con la que la Madre de Dios y Madre de la Iglesia nos muestra su ayuda y su intercesión materna.

Al final del mes de octubre, deseo recomendar el rezo del Santo Rosario. Esta oración mariana sea para ustedes, queridos jóvenes, ocasión para penetrar profundamente en el misterio de Cristo que obra en nuestra vida; amen el Rosario, queridos enfermos, para que dé consolación y sentido a vuestros sufrimientos”.

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Foto: ecclesia.pt

Que para ustedes, queridos recién casados, se vuelva ocasión privilegiada para experimentar aquella intimidad espiritual con Dios que funda una nueva familia”.

“Dirijamos la mirada hacia el paraíso, donde – con los brazos abiertos – nos espera nuestro Padre celeste. Nos presentará Jesús misericordioso que, desde lo alto de la cruz, no cesa de prometer el paraíso a todo pecador arrepentido. A Él pidamos con esperanza: ‘Jesús acuérdate de nosotros…’”.

Pueblo de pecadores

Durante la Audiencia General, el Papa Francisco nos animó a ser testigos del amor de Dios en medio de los hermanos y anunciadores de la misericordia que el Señor tiene para todos sin excepción.

Foto: ecclesia.pt

“Donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo y ese sufrimiento se vuelve suyo, siempre abre los brazos de par en par a los pecadores, independientemente de que hayan transcurrido una vida llena de elecciones equivocadas”.

“Aunque la Iglesia es un pueblo de pecadores, en ella experimentamos la misericordia y el perdón de Dios”.

El escándalo destruye

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre habló del escándalo que supone llevar una doble vida.

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Foto: ecclesia.pt

Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”.

A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida”.

Notarios del ‘status quo’

El Papa Francisco, en su viaje a Armenia, comentó el pasaje del Evangelio ‘la paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy yo como la da el mundo’ señalando que “nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar”.

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Foto: ecclesia.pt

¡Qué grandes son hoy los obstáculos en el camino de la paz y qué trágicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecución a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferación y del comercio de armas, por la tentación de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los débiles, a los pobres y a los que piden sólo una vida digna”.

También les animó a aprovechar la gran sabiduría de sus ancianos para desear “ser constructores de paz: no notarios del ‘status quo’, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliación”.

El perdón es una fuerza que resucita

En la audiencia general el Papa Francisco explicó la relación entre la justicia y la misericordia de Dios.

Parecen dos realidades opuestas y no es así, “porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”, señaló el Papa.

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Foto: ecclesia.pt

Francisco animó a los presentes a resolver los problemas y contrastes en la familia, entre esposos o entre padres e hijos sin dejar de lado la misericordia.

El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera”.

Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna”.

Madre del perdón

El Papa abre la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor por el Año de la Misericordia, cuyo lema es ‘Vence la indiferencia y conquista la paz’. En el acto, sus palabras fueron esperanzadoras para todos:

La fuerza del perdón es el verdadero antídoto a la tristeza provocada por el rencor y la venganza, el perdón abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza agitan la mente y laceran el corazón quitándole el reposo y la paz”.

El perdón de la Iglesia debe tener la misma extensión del de Jesús en la Cruz, y de María a sus pies”.

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Foto: ecclesia.pt

El Espíritu Santo hizo a los Apóstoles instrumentos eficaces de perdón, para que cuanto fue obtenido con la muerte de Jesús pueda alcanzar a cada hombre en todos los lugares, en todos los lugares y en todos los tiempos”.

A los pies de la Cruz, María ve a su Hijo que ofrece todo sí mismo y así ofrece el testimonio de qué significa amar como ama Dios. En ese momento escucha que Jesús pronuncia palabras que probablemente nacen de eso que ella misma le había enseñado desde niño: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

En ese momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón y siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a todos los que estaban matando a su Hijo inocente”.