Los horóscopos hacen que te hundas

El Papa Francisco, en su reciente audiencia , ha hablado sobre el interés que algunos tienen por los horóscopos y la consulta a los adivinos.

Foto: ecclesia.pt

“Cuando uno no se aferra a la palabra del Señor y, para tener más seguridad, se consulta el horóscopo o a los adivinos, comienzas a hundirte”.

“Esto quiere decir que la fe no es demasiado fuerte”.

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Cristianos de salón

Con motivo de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el Papa Francisco habló sobre el martirio y la necesidad de probar con hechos que somos discípulos de Cristo.

Especialmente en el momento de la prueba, Dios nos tiende su mano, viene en nuestra ayuda y nos libra de las amenazas de los enemigos. Pero recordemos que nuestro verdadero enemigo es el pecado y el maligno, que nos empuja a ello”.

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Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón. Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida”.

 

El escándalo destruye

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre habló del escándalo que supone llevar una doble vida.

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Foto: ecclesia.pt

Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”.

A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida”.

Dejar la fe como herencia

En su homilía, el Papa Francisco nos habló de que el pensamiento de la muerte ilumina la vida y así, invitó a no tener miedo de la muerte, porque el recorrido de la vida continúa.

En cada vida hay un fin. Es un pensamiento que no gusta tanto y siempre se encubre, pero es una realidad que debemos tener siempre ante nosotros”.

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David reinó en Israel durante cuarenta años: “Pero también cuarenta años pasan. Y David hace memoria de las promesas de Dios, hace memoria de su propia fe en estas promesas y se las recuerda a su hijo”.

Cuando en la ceremonia del Bautismo damos a los padres la vela encendida, la luz de la fe, les estamos diciendo: ‘Consérvala, hazla crecer en tu hijo y en tu hija y déjala como herencia’. Dejar la fe como herencia, esto nos enseña David, y muere así, sencillamente como cada hombre”.

La herencia más bella, la mayor herencia que un hombre, una mujer, puede dejar a sus hijos es la fe”.

Cristianos, pero no saben dar testimonio de Jesucristo

El Papa ha hablado en la homilía de Santa Marta sobre el peligro de diluir la identidad cristiana, haciendo una religión ambigua.

Es verdad, está el pecado. Y el pecado nos hace caer, pero tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y seguir adelante con nuestra identidad. Diría que también el pecado es parte de nuestra identidad: somos pecadores, pero pecadores con la fe en Jesucristo”.

Foto: ecclesia.pt

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Es una fe que es un don de Dios y que ha entrado en nosotros gracias a Dios. Es Dios mismo el que nos confirma en Cristo. Y nos ha ungido, el que nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu”.

Y vemos a comunidades cristianas, también a cristianos, que dicen que son cristianos, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo. Y así la identidad retrocede, retrocede y se pierde. Y este nominalismo mundano lo vemos todos los días. En la historia de salvación de Dios, con su paciencia de Padre, nos ha llevado de la ambigüedad a la certeza, a lo concreto de la encarnación y la muerte redentora de su Hijo. ¡Ésta es nuestra identidad!”.

Es una gracia que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no intenta adaptarse a las cosas, hasta perder su sabor de sal”.

Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura

Su Santidad el Papa Francisco, al hilo del evangelio de Zaqueo, habló de la conversión y explicó que “convertirse no es un acto de voluntad ; no se piensa: ahora me convierto, me conviene…, o bien: debo hacerlo…. No, la conversión es una gracia, es una visita de Dios, es Jesús que llama a nuestra puerta, al corazón, y dice: «Ven»”.

Foto: EFE

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Zaqueo era jefe de los publicanos y rico; un corrupto que trabajaba para los extranjeros, para los romanos, traicionaba a su patria. En lugar de servir al pueblo, lo explotan para servirse a sí mismos. No era tibio; no estaba muerto. Estaba en estado de putrefacción. Precisamente corrupto. Sin embargo, ante Cristo sintió algo dentro: a este hombre capaz de curar, a este profeta que dicen que habla tan bien, yo quisiera verlo”.

Y luego sucedió lo que sucedió: la Palabra de Dios entró en ese corazón y con la Palabra, la alegría. Inmediatamente el corazón cambió, se convirtió, y pronunció su palabra auténtica: «He aquí, Señor, yo doy la mitad de lo que poseo a los pobres, y si he robado a alguien restituyo cuatro veces más». Esta es una regla de oro. Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura”.

¿A mí qué me importa?

Con motivo del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, el Papa Francisco ha querido celebrar una misa en el Monumento Militar de Redipuglia, en la provincia italiana de Gorizia.

Su llamada a la paz puso el acento en lo destructivo que puede ser el hombre: “También hoy, después del intento fallido de otra guerra mundial quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida “a partes”, con crímenes, masacres, destrucción… ¿Cómo es posible? Es posible porque también hoy se esconden intereses, planes geopolíticos, la codicia del dinero y el poder, la industria de las armas”.

Foto: Reuters

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La avaricia, la intolerancia, la ambición de poder que alimentan el espíritu bélico, que a menudo encuentran justificación en una ideología. La ideología es una justificación. Y cuando no hay una ideología lo que hay es la respuesta de Caín: ‘¿Y a mí qué me importa?’”