Se parten el pecho para criar a sus hijos

En la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de San Juan de Letrán y profundizó en la frase “Hagan esto en memoria mía”.

Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el ‘hacer’ la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo”.

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Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente”.

También esto es ‘hacer’ con Jesús, es ‘dar de comer’ con Él. Un milagro destinado no sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre”.

Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía”.

Cristianos que son ‘momias espirituales’

La homilía del martes en Santa Marta, el Papa nos ha ayudado a entender que Jesús es el camino.

Un cristiano que no camina, que no hace camino, es un cristiano no cristiano. No se sabe lo que es. Es un cristiano un poco ‘paganizado’: está allí, estancado, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las Bienaventuranzas en su vida, no hace las obras de misericordia… Está parado. Perdónenme la palabra, pero es como si fuera una ‘momia’, allí.., una ‘momia espiritual’. Y hay cristianos que son ‘momias espirituales’. Parados, allí. No hacen daño, pero no hacen el bien”.

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Foto: ecclesia.pt

Son errantes en la vida cristiana, vagabundos. Su vida es un ir dando vueltas, aquí y allá, y así se pierden la belleza de acercarse a Jesús, al camino de Jesús. Pierden el camino, porque van dando vueltas, y tantas veces ese vagabundear, los lleva a una vida sin salida: el vagabundear demasiado se transforma en un laberinto y después no saben cómo salir. Han perdido esa llamada de Jesús”.

¡Y pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre!”.

Pidamos esta gracia”.

Dios nos alza hasta sus mejillas

El Papa Francisco, hablando sobre la Divina Misericordia, nos dijo que La Misericordia Divina “es algo que quema el corazón y lo estimula a amar, porque reconoce el rostro de Jesucristo sobre todo en quien está más lejos, débil, solo, confundido y marginado”.

Hay que entrar en las llagas del otro, porque una fe que no es capaz de meterse en las llagas del Señor, no es fe, es idea, ideología; nuestra fe es encarnada en un Dios que se hizo carne, que fue llagado por nosotros”.

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Foto: L’osservatore Romano

No tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. ¡Al contrario!, precisamente en virtud de su misericordia, Dios se ha hecho uno de nosotros”.

¿Cuántos son los rostros de la misericordia, con los que él viene a nuestro encuentro? Son verdaderamente muchos –advirtió–; es imposible describirlos todos, porque la misericordia de Dios es un ’crescendo’ continuo. Dios no se cansa nunca de manifestarla y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla.

Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor”.

Dios toma a cada uno de nosotros y nos alza hasta sus mejillas. ¡Cuánta ternura contiene y cuánto amor manifiesta!”.

 

El perdón es una fuerza que resucita

En la audiencia general el Papa Francisco explicó la relación entre la justicia y la misericordia de Dios.

Parecen dos realidades opuestas y no es así, “porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”, señaló el Papa.

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Foto: ecclesia.pt

Francisco animó a los presentes a resolver los problemas y contrastes en la familia, entre esposos o entre padres e hijos sin dejar de lado la misericordia.

El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera”.

Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna”.

Dejar la fe como herencia

En su homilía, el Papa Francisco nos habló de que el pensamiento de la muerte ilumina la vida y así, invitó a no tener miedo de la muerte, porque el recorrido de la vida continúa.

En cada vida hay un fin. Es un pensamiento que no gusta tanto y siempre se encubre, pero es una realidad que debemos tener siempre ante nosotros”.

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Foto: ecclesia.pt

David reinó en Israel durante cuarenta años: “Pero también cuarenta años pasan. Y David hace memoria de las promesas de Dios, hace memoria de su propia fe en estas promesas y se las recuerda a su hijo”.

Cuando en la ceremonia del Bautismo damos a los padres la vela encendida, la luz de la fe, les estamos diciendo: ‘Consérvala, hazla crecer en tu hijo y en tu hija y déjala como herencia’. Dejar la fe como herencia, esto nos enseña David, y muere así, sencillamente como cada hombre”.

La herencia más bella, la mayor herencia que un hombre, una mujer, puede dejar a sus hijos es la fe”.

Madre del perdón

El Papa abre la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor por el Año de la Misericordia, cuyo lema es ‘Vence la indiferencia y conquista la paz’. En el acto, sus palabras fueron esperanzadoras para todos:

La fuerza del perdón es el verdadero antídoto a la tristeza provocada por el rencor y la venganza, el perdón abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza agitan la mente y laceran el corazón quitándole el reposo y la paz”.

El perdón de la Iglesia debe tener la misma extensión del de Jesús en la Cruz, y de María a sus pies”.

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Foto: ecclesia.pt

El Espíritu Santo hizo a los Apóstoles instrumentos eficaces de perdón, para que cuanto fue obtenido con la muerte de Jesús pueda alcanzar a cada hombre en todos los lugares, en todos los lugares y en todos los tiempos”.

A los pies de la Cruz, María ve a su Hijo que ofrece todo sí mismo y así ofrece el testimonio de qué significa amar como ama Dios. En ese momento escucha que Jesús pronuncia palabras que probablemente nacen de eso que ella misma le había enseñado desde niño: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

En ese momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón y siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a todos los que estaban matando a su Hijo inocente”.

 

 

 

Una guerra mundial a pedazos

El Papa Francisco, en la homilía de la misa, en Santa Marta, ha lamentado que el mundo no ha comprendido el camino de la paz y las guerras repartidas por el mundo sean una constante.

También hoy Jesús llora, nosotros hemos preferido el camino de las guerras, el camino del odio, el camino de las enemistades. La Navidad está cerca: habrá luces, habrá fiestas, árboles iluminados, también pesebres… todo falsificado: el mundo sigue haciendo la guerra, sigue haciendo las guerras. El mundo no ha comprendido el camino de la paz”.

Foto: ecclesia.pt

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Hay una palabra fea del Señor: ‘¡Malditos!’. Porque Él ha dicho: ‘¡Bienaventurados los constructores de paz!’. Estos que trabajan por la guerra, que hacen las guerras, son malditos, son delincuentes”.

Una guerra se puede justificar –entre comillas– con tantas, tantas razones. Pero cuando todo el mundo, como sucede hoy, está en guerra, ¡todo el mundo! ¡Es una guerra mundial a pedazos, aquí, allá, allá, por doquier… no hay justificación. Y Dios llora. Jesús llora”.

Precisamente en el umbral de este Jubileo de la Misericordia, que nuestro júbilo, nuestra alegría, sea la gracia para que el mundo vuelva a encontrar la capacidad de llorar por sus crímenes, por lo que hace con las guerras”.