Pueblo de pecadores

Durante la Audiencia General, el Papa Francisco nos animó a ser testigos del amor de Dios en medio de los hermanos y anunciadores de la misericordia que el Señor tiene para todos sin excepción.

Foto: ecclesia.pt

“Donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo y ese sufrimiento se vuelve suyo, siempre abre los brazos de par en par a los pecadores, independientemente de que hayan transcurrido una vida llena de elecciones equivocadas”.

“Aunque la Iglesia es un pueblo de pecadores, en ella experimentamos la misericordia y el perdón de Dios”.

Cristianos de salón

Con motivo de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el Papa Francisco habló sobre el martirio y la necesidad de probar con hechos que somos discípulos de Cristo.

Especialmente en el momento de la prueba, Dios nos tiende su mano, viene en nuestra ayuda y nos libra de las amenazas de los enemigos. Pero recordemos que nuestro verdadero enemigo es el pecado y el maligno, que nos empuja a ello”.

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Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón. Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida”.

 

Topografía del espíritu cristiano

Cada uno de nosotros tiene su propia Galilea, donde Jesús se ha manifestado y hemos tenido esta alegría, este entusiasmo para seguirlo. Es necesario tener siempre la memoria del primer encuentro con Jesús y de los encuentros sucesivos”.

El segundo punto de referencia es la oración. Cuando Jesús asciende al Cielo no se separa de nosotros. Físicamente sí, pero está siempre unido para interceder por nosotros. Le hace ver al Padre las llagas, el precio que ha pagado por nosotros. Debemos pedir la gracia de contemplar el Cielo, la gracia de la oración, la relación con Jesús en la oración que en este momento nos escucha y está con nosotros”.

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Después hay un tercer punto: el mundo. Jesús dice a los discípulos: ‘Vayan al mundo y hagan discípulos’. Vayan: el lugar del cristiano es el mundo, para anunciarle la Palabra de Jesús, para decirle que hemos sido salvados”.

Porque yo tengo la memoria del encuentro con Jesús, tengo la certeza de que Jesús está en el Cielo en este momento e intercede por mí, está conmigo, y yo rezo y tengo el coraje de decir, de salir de mí y decir a los demás, y dar testimonio con mi vida, de que el Señor ha resucitado, está vivo. Memoria, oración, misión”.

Que el Señor nos dé la gracia de entender esta topografía de la vida cristiana e ir adelante con alegría, con esa alegría que nadie podrá quitarnos”.

Son Santos los que llevan adelante a la Iglesia

En la Celebración de la Memoria de los Testigos de la fe de los siglos XX y XXI en la Basílica de San Bartolomé, el Santo Padre dijo que la Iglesia es una Iglesia de mártires.

Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas”.

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Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo”.

Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, ésto es lo que lo hace mártir”.

El escándalo destruye

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre habló del escándalo que supone llevar una doble vida.

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Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”.

A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida”.

Cristianos que son ‘momias espirituales’

La homilía del martes en Santa Marta, el Papa nos ha ayudado a entender que Jesús es el camino.

Un cristiano que no camina, que no hace camino, es un cristiano no cristiano. No se sabe lo que es. Es un cristiano un poco ‘paganizado’: está allí, estancado, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las Bienaventuranzas en su vida, no hace las obras de misericordia… Está parado. Perdónenme la palabra, pero es como si fuera una ‘momia’, allí.., una ‘momia espiritual’. Y hay cristianos que son ‘momias espirituales’. Parados, allí. No hacen daño, pero no hacen el bien”.

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Son errantes en la vida cristiana, vagabundos. Su vida es un ir dando vueltas, aquí y allá, y así se pierden la belleza de acercarse a Jesús, al camino de Jesús. Pierden el camino, porque van dando vueltas, y tantas veces ese vagabundear, los lleva a una vida sin salida: el vagabundear demasiado se transforma en un laberinto y después no saben cómo salir. Han perdido esa llamada de Jesús”.

¡Y pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre!”.

Pidamos esta gracia”.

Dejar la fe como herencia

En su homilía, el Papa Francisco nos habló de que el pensamiento de la muerte ilumina la vida y así, invitó a no tener miedo de la muerte, porque el recorrido de la vida continúa.

En cada vida hay un fin. Es un pensamiento que no gusta tanto y siempre se encubre, pero es una realidad que debemos tener siempre ante nosotros”.

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David reinó en Israel durante cuarenta años: “Pero también cuarenta años pasan. Y David hace memoria de las promesas de Dios, hace memoria de su propia fe en estas promesas y se las recuerda a su hijo”.

Cuando en la ceremonia del Bautismo damos a los padres la vela encendida, la luz de la fe, les estamos diciendo: ‘Consérvala, hazla crecer en tu hijo y en tu hija y déjala como herencia’. Dejar la fe como herencia, esto nos enseña David, y muere así, sencillamente como cada hombre”.

La herencia más bella, la mayor herencia que un hombre, una mujer, puede dejar a sus hijos es la fe”.