El escándalo destruye

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre habló del escándalo que supone llevar una doble vida.

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Foto: ecclesia.pt

Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan”.

A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida”.

La cultura nociva del descarte

El Papa ha recibido en audiencia a la Asociación Nacional de Trabajadores Ancianos italianos y les ha advertido de la relevancia de los ancianos.

La Iglesia mira a las personas ancianas con afecto, gratitud y gran estima, como parte esencial de la comunidad cristiana y de la sociedad, pues representan las raíces y la memoria de un pueblo”.

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Ustedes tienen la misión de dar testimonio de los valores que realmente importan y que permanecen para siempre”.

Estamos llamados a trabajar para el desarrollo de la cultura de la vida, dando testimonio de que cada etapa de la existencia es un don de Dios y tiene una belleza e importancia propias, aunque esté marcada por la fragilidad”.

Hemos de contrarrestar la cultura nociva del descarte, que margina a los ancianos considerándolos improductivos. Favorecer los lazos entre generaciones porque el futuro de un pueblo requiere el encuentro entre jóvenes y ancianos”.

El huésped de piedra

El Papa ha comentado el evangelio de hoy y el evangelista Lucas narra de Jesús, que mientras estaba en camino hacia Jerusalén, entra en un poblado y es recibido en casa de dos hermanas: Marta y María.

Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen en diferentes modos. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cfr v. 39), en cambio Marta está ocupada preparando cosas”.

En sus quehaceres y ocupaciones, Marta corre el riesgo de olvidarse. Y este es el problema: corre el riesgo de olvidar la cosa más importante, es decir la presencia del huésped, que era Jesús en este caso”.

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Y el huésped no es simplemente servido, alimentado, cuidado en todos los sentidos. Es necesario sobre todo que sea escuchado. Recuerden bien esta palabra: ¡escuchar! Porque el huésped es acogido como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y de pensamientos, para que se pueda sentir verdaderamente en familia. Pero si tú recibes a un huésped en tu casa y continúas a hacer las cosas, lo haces sentarse allí, callado él, callado tú, es como si fuera de piedra: el huésped de piedra. ¡No! El huésped es escuchado”.

Si nosotros vamos a rezar -por ejemplo- delante al Crucifijo y hablamos, hablamos, hablamos y hablamos, y después nos vamos: ¡no escuchamos a Jesús! No dejamos hablar a Él a nuestro corazón. Escuchar: aquella palabra es clave. ¡No olviden! No debemos olvidar que la Palabra de Jesús nos ilumina, nos sostiene y sostiene todo lo que somos y que hacemos”.

Notarios del ‘status quo’

El Papa Francisco, en su viaje a Armenia, comentó el pasaje del Evangelio ‘la paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy yo como la da el mundo’ señalando que “nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar”.

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¡Qué grandes son hoy los obstáculos en el camino de la paz y qué trágicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecución a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferación y del comercio de armas, por la tentación de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los débiles, a los pobres y a los que piden sólo una vida digna”.

También les animó a aprovechar la gran sabiduría de sus ancianos para desear “ser constructores de paz: no notarios del ‘status quo’, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliación”.

Cristianos que son ‘momias espirituales’

La homilía del martes en Santa Marta, el Papa nos ha ayudado a entender que Jesús es el camino.

Un cristiano que no camina, que no hace camino, es un cristiano no cristiano. No se sabe lo que es. Es un cristiano un poco ‘paganizado’: está allí, estancado, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las Bienaventuranzas en su vida, no hace las obras de misericordia… Está parado. Perdónenme la palabra, pero es como si fuera una ‘momia’, allí.., una ‘momia espiritual’. Y hay cristianos que son ‘momias espirituales’. Parados, allí. No hacen daño, pero no hacen el bien”.

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Son errantes en la vida cristiana, vagabundos. Su vida es un ir dando vueltas, aquí y allá, y así se pierden la belleza de acercarse a Jesús, al camino de Jesús. Pierden el camino, porque van dando vueltas, y tantas veces ese vagabundear, los lleva a una vida sin salida: el vagabundear demasiado se transforma en un laberinto y después no saben cómo salir. Han perdido esa llamada de Jesús”.

¡Y pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre!”.

Pidamos esta gracia”.

Madre del perdón

El Papa abre la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor por el Año de la Misericordia, cuyo lema es ‘Vence la indiferencia y conquista la paz’. En el acto, sus palabras fueron esperanzadoras para todos:

La fuerza del perdón es el verdadero antídoto a la tristeza provocada por el rencor y la venganza, el perdón abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza agitan la mente y laceran el corazón quitándole el reposo y la paz”.

El perdón de la Iglesia debe tener la misma extensión del de Jesús en la Cruz, y de María a sus pies”.

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El Espíritu Santo hizo a los Apóstoles instrumentos eficaces de perdón, para que cuanto fue obtenido con la muerte de Jesús pueda alcanzar a cada hombre en todos los lugares, en todos los lugares y en todos los tiempos”.

A los pies de la Cruz, María ve a su Hijo que ofrece todo sí mismo y así ofrece el testimonio de qué significa amar como ama Dios. En ese momento escucha que Jesús pronuncia palabras que probablemente nacen de eso que ella misma le había enseñado desde niño: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

En ese momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón y siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a todos los que estaban matando a su Hijo inocente”.

 

 

 

Una guerra mundial a pedazos

El Papa Francisco, en la homilía de la misa, en Santa Marta, ha lamentado que el mundo no ha comprendido el camino de la paz y las guerras repartidas por el mundo sean una constante.

También hoy Jesús llora, nosotros hemos preferido el camino de las guerras, el camino del odio, el camino de las enemistades. La Navidad está cerca: habrá luces, habrá fiestas, árboles iluminados, también pesebres… todo falsificado: el mundo sigue haciendo la guerra, sigue haciendo las guerras. El mundo no ha comprendido el camino de la paz”.

Foto: ecclesia.pt

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Hay una palabra fea del Señor: ‘¡Malditos!’. Porque Él ha dicho: ‘¡Bienaventurados los constructores de paz!’. Estos que trabajan por la guerra, que hacen las guerras, son malditos, son delincuentes”.

Una guerra se puede justificar –entre comillas– con tantas, tantas razones. Pero cuando todo el mundo, como sucede hoy, está en guerra, ¡todo el mundo! ¡Es una guerra mundial a pedazos, aquí, allá, allá, por doquier… no hay justificación. Y Dios llora. Jesús llora”.

Precisamente en el umbral de este Jubileo de la Misericordia, que nuestro júbilo, nuestra alegría, sea la gracia para que el mundo vuelva a encontrar la capacidad de llorar por sus crímenes, por lo que hace con las guerras”.