Topografía del espíritu cristiano

Cada uno de nosotros tiene su propia Galilea, donde Jesús se ha manifestado y hemos tenido esta alegría, este entusiasmo para seguirlo. Es necesario tener siempre la memoria del primer encuentro con Jesús y de los encuentros sucesivos”.

El segundo punto de referencia es la oración. Cuando Jesús asciende al Cielo no se separa de nosotros. Físicamente sí, pero está siempre unido para interceder por nosotros. Le hace ver al Padre las llagas, el precio que ha pagado por nosotros. Debemos pedir la gracia de contemplar el Cielo, la gracia de la oración, la relación con Jesús en la oración que en este momento nos escucha y está con nosotros”.

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Después hay un tercer punto: el mundo. Jesús dice a los discípulos: ‘Vayan al mundo y hagan discípulos’. Vayan: el lugar del cristiano es el mundo, para anunciarle la Palabra de Jesús, para decirle que hemos sido salvados”.

Porque yo tengo la memoria del encuentro con Jesús, tengo la certeza de que Jesús está en el Cielo en este momento e intercede por mí, está conmigo, y yo rezo y tengo el coraje de decir, de salir de mí y decir a los demás, y dar testimonio con mi vida, de que el Señor ha resucitado, está vivo. Memoria, oración, misión”.

Que el Señor nos dé la gracia de entender esta topografía de la vida cristiana e ir adelante con alegría, con esa alegría que nadie podrá quitarnos”.

Me enfado con el Señor

En la misa matutina de la Residencia Santa Marta, explicó el Papa que los sacerdotes, en aquellos tiempos, ofrecían sacrificios pero debían ofrecerles continuamente, año tras año, porque no eran definitivos.

Y el primer paso de Jesús en el mundo fue: «yo vengo a hacer tu voluntad». Y la voluntad del Padre era que con este sacrificio se aboliesen todos los sacrificios y este fuese el único: «Tú no quisiste, no te agradaron ni sacrificios ni oblaciones, ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. He aquí que vengo a hacer tu voluntad»”.

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El Señor dialoga siempre con los que invita a hacer este camino y a decir el ‘heme aquí’. Tiene mucha paciencia, mucha paciencia”.

Precisamente repasando las Escrituras nos damos cuenta de que la respuesta no está descontada para nada: ¿Voy a esconderme, como Adán, para no responder? ¿O cuándo el Señor me llama, en vez de decir ‘heme aquí’ o ‘¿qué quieres de mí?’, huyo, como Jonás que no quería hacer eso que el Señor le pedía?”.

Alguno podría también tener una duda: ‘¿Se puede discutir con el Señor?’. Sí, a Él le gusta. A Él le gusta discutir con nosotros. Cuando alguno me dice: ‘Pero, padre, yo muchas veces cuando voy a rezar me enfado con el Señor…’, la respuesta es: ¡También esto es oración! ¡A Él le gusta, cuando tú te enfadas y le dices a la cara lo que sientes, porque es Padre! Pero esto es también un ‘heme aquí’”.

Colaborar a la venida del Reino de Dios

El Papa Francisco siguió su catequesis de Adviento hablando sobre la esperanza cristiana, como algo que todos necesitamos en nuestra vida.

El Profeta Isaías nos ayuda a abrirnos a la esperanza y a acoger la Buena noticia de la Salvación con un canto de alegría, porque el Señor está ya cerca”.

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La presencia de Dios en medio de su pueblo, entre los pequeños, en las realidades adversas o cuando llega la tentación de pensar que ya nada tiene sentido, se convierte, esta presencia, en portadora de libertad y de paz”.

Del mismo modo, nosotros estamos llamados, ante el misterio del Niño Dios en Belén, a darnos cuenta de esta urgencia y a colaborar a la venida del Reino de Dios, que es luz y que debe llegar a todos”.

Dios nos alza hasta sus mejillas

El Papa Francisco, hablando sobre la Divina Misericordia, nos dijo que La Misericordia Divina “es algo que quema el corazón y lo estimula a amar, porque reconoce el rostro de Jesucristo sobre todo en quien está más lejos, débil, solo, confundido y marginado”.

Hay que entrar en las llagas del otro, porque una fe que no es capaz de meterse en las llagas del Señor, no es fe, es idea, ideología; nuestra fe es encarnada en un Dios que se hizo carne, que fue llagado por nosotros”.

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Foto: L’osservatore Romano

No tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. ¡Al contrario!, precisamente en virtud de su misericordia, Dios se ha hecho uno de nosotros”.

¿Cuántos son los rostros de la misericordia, con los que él viene a nuestro encuentro? Son verdaderamente muchos –advirtió–; es imposible describirlos todos, porque la misericordia de Dios es un ’crescendo’ continuo. Dios no se cansa nunca de manifestarla y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla.

Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor”.

Dios toma a cada uno de nosotros y nos alza hasta sus mejillas. ¡Cuánta ternura contiene y cuánto amor manifiesta!”.

 

El perdón es una fuerza que resucita

En la audiencia general el Papa Francisco explicó la relación entre la justicia y la misericordia de Dios.

Parecen dos realidades opuestas y no es así, “porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”, señaló el Papa.

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Foto: ecclesia.pt

Francisco animó a los presentes a resolver los problemas y contrastes en la familia, entre esposos o entre padres e hijos sin dejar de lado la misericordia.

El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera”.

Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna”.

La fiesta es un invento de Dios

Su Santidad, el Papa Francisco, explicó en su catequesis tres aspectos fundamentales que marcan la vida familiar de las personas: la fiesta, el trabajo y la oración.

Comenzamos por la fiesta, que es un invento de Dios. El libro del Génesis nos dice que al final de la creación Dios contempló y gozó de su obra. Dios nos enseña que festejar no es conseguir evadirse o dejarse vencer por la pereza, sino volver nuestra mirada hacia el fruto de nuestro esfuerzo con gratitud y benevolencia”.

Foto: L'Osservatore Romano

Foto: L’Osservatore Romano

También nosotros podemos mirar a nuestros hijos que crecen, el hogar que hemos construido y pensar: ¡Que hermoso! Es Dios que lo ha hecho posible, que sigue creando también hoy”.

El mandamiento divino de cesar en nuestras tareas cotidianas, nos recuerda también, que el hombre, como imagen de Dios, es señor y no esclavo del trabajo. Nos pide liberarnos de la obsesión por el beneficio económico, que ataca los ritmos humanos de la vida y niega al hombre el tiempo para lo realmente importante”.

Desterremos esa idea de fiesta centrada en el consumo y en el desenfreno y recuperemos su valor sagrado, viéndola como un tiempo privilegiado en el que podemos encontrarnos con Dios y con el hermano. Un tiempo maravilloso que podemos vivir en la familia, incluso en las dificultades”.

Que el Señor nos conceda a todos vivir el tiempo de descanso, las fiestas, la celebración del domingo, con los ojos de la fe, como un precioso regalo que ilumina nuestra vida familiar”.

Cristianos, pero no saben dar testimonio de Jesucristo

El Papa ha hablado en la homilía de Santa Marta sobre el peligro de diluir la identidad cristiana, haciendo una religión ambigua.

Es verdad, está el pecado. Y el pecado nos hace caer, pero tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y seguir adelante con nuestra identidad. Diría que también el pecado es parte de nuestra identidad: somos pecadores, pero pecadores con la fe en Jesucristo”.

Foto: ecclesia.pt

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Es una fe que es un don de Dios y que ha entrado en nosotros gracias a Dios. Es Dios mismo el que nos confirma en Cristo. Y nos ha ungido, el que nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu”.

Y vemos a comunidades cristianas, también a cristianos, que dicen que son cristianos, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo. Y así la identidad retrocede, retrocede y se pierde. Y este nominalismo mundano lo vemos todos los días. En la historia de salvación de Dios, con su paciencia de Padre, nos ha llevado de la ambigüedad a la certeza, a lo concreto de la encarnación y la muerte redentora de su Hijo. ¡Ésta es nuestra identidad!”.

Es una gracia que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no intenta adaptarse a las cosas, hasta perder su sabor de sal”.