El huésped de piedra

El Papa ha comentado el evangelio de hoy y el evangelista Lucas narra de Jesús, que mientras estaba en camino hacia Jerusalén, entra en un poblado y es recibido en casa de dos hermanas: Marta y María.

Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen en diferentes modos. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cfr v. 39), en cambio Marta está ocupada preparando cosas”.

En sus quehaceres y ocupaciones, Marta corre el riesgo de olvidarse. Y este es el problema: corre el riesgo de olvidar la cosa más importante, es decir la presencia del huésped, que era Jesús en este caso”.

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Foto: ecclesia.pt

Y el huésped no es simplemente servido, alimentado, cuidado en todos los sentidos. Es necesario sobre todo que sea escuchado. Recuerden bien esta palabra: ¡escuchar! Porque el huésped es acogido como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y de pensamientos, para que se pueda sentir verdaderamente en familia. Pero si tú recibes a un huésped en tu casa y continúas a hacer las cosas, lo haces sentarse allí, callado él, callado tú, es como si fuera de piedra: el huésped de piedra. ¡No! El huésped es escuchado”.

Si nosotros vamos a rezar -por ejemplo- delante al Crucifijo y hablamos, hablamos, hablamos y hablamos, y después nos vamos: ¡no escuchamos a Jesús! No dejamos hablar a Él a nuestro corazón. Escuchar: aquella palabra es clave. ¡No olviden! No debemos olvidar que la Palabra de Jesús nos ilumina, nos sostiene y sostiene todo lo que somos y que hacemos”.

Notarios del ‘status quo’

El Papa Francisco, en su viaje a Armenia, comentó el pasaje del Evangelio ‘la paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy yo como la da el mundo’ señalando que “nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar”.

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Foto: ecclesia.pt

¡Qué grandes son hoy los obstáculos en el camino de la paz y qué trágicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecución a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferación y del comercio de armas, por la tentación de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los débiles, a los pobres y a los que piden sólo una vida digna”.

También les animó a aprovechar la gran sabiduría de sus ancianos para desear “ser constructores de paz: no notarios del ‘status quo’, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliación”.

Se parten el pecho para criar a sus hijos

En la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de San Juan de Letrán y profundizó en la frase “Hagan esto en memoria mía”.

Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el ‘hacer’ la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo”.

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Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente”.

También esto es ‘hacer’ con Jesús, es ‘dar de comer’ con Él. Un milagro destinado no sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre”.

Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía”.

Cristianos que son ‘momias espirituales’

La homilía del martes en Santa Marta, el Papa nos ha ayudado a entender que Jesús es el camino.

Un cristiano que no camina, que no hace camino, es un cristiano no cristiano. No se sabe lo que es. Es un cristiano un poco ‘paganizado’: está allí, estancado, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las Bienaventuranzas en su vida, no hace las obras de misericordia… Está parado. Perdónenme la palabra, pero es como si fuera una ‘momia’, allí.., una ‘momia espiritual’. Y hay cristianos que son ‘momias espirituales’. Parados, allí. No hacen daño, pero no hacen el bien”.

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Foto: ecclesia.pt

Son errantes en la vida cristiana, vagabundos. Su vida es un ir dando vueltas, aquí y allá, y así se pierden la belleza de acercarse a Jesús, al camino de Jesús. Pierden el camino, porque van dando vueltas, y tantas veces ese vagabundear, los lleva a una vida sin salida: el vagabundear demasiado se transforma en un laberinto y después no saben cómo salir. Han perdido esa llamada de Jesús”.

¡Y pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre!”.

Pidamos esta gracia”.

Dios nos alza hasta sus mejillas

El Papa Francisco, hablando sobre la Divina Misericordia, nos dijo que La Misericordia Divina “es algo que quema el corazón y lo estimula a amar, porque reconoce el rostro de Jesucristo sobre todo en quien está más lejos, débil, solo, confundido y marginado”.

Hay que entrar en las llagas del otro, porque una fe que no es capaz de meterse en las llagas del Señor, no es fe, es idea, ideología; nuestra fe es encarnada en un Dios que se hizo carne, que fue llagado por nosotros”.

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Foto: L’osservatore Romano

No tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. ¡Al contrario!, precisamente en virtud de su misericordia, Dios se ha hecho uno de nosotros”.

¿Cuántos son los rostros de la misericordia, con los que él viene a nuestro encuentro? Son verdaderamente muchos –advirtió–; es imposible describirlos todos, porque la misericordia de Dios es un ’crescendo’ continuo. Dios no se cansa nunca de manifestarla y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla.

Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor”.

Dios toma a cada uno de nosotros y nos alza hasta sus mejillas. ¡Cuánta ternura contiene y cuánto amor manifiesta!”.

 

El perdón es una fuerza que resucita

En la audiencia general el Papa Francisco explicó la relación entre la justicia y la misericordia de Dios.

Parecen dos realidades opuestas y no es así, “porque la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”, señaló el Papa.

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Foto: ecclesia.pt

Francisco animó a los presentes a resolver los problemas y contrastes en la familia, entre esposos o entre padres e hijos sin dejar de lado la misericordia.

El ofendido ama al culpable, no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Dios actúa con nosotros, pecadores, de la misma manera”.

Nos ofrece continuamente su perdón, nos ayuda a acogerlo y tomar conciencia de nuestro mal, para poder liberarnos de él y salvarnos, porque no quiere nuestra condenación sino nuestra felicidad eterna”.

Dejar la fe como herencia

En su homilía, el Papa Francisco nos habló de que el pensamiento de la muerte ilumina la vida y así, invitó a no tener miedo de la muerte, porque el recorrido de la vida continúa.

En cada vida hay un fin. Es un pensamiento que no gusta tanto y siempre se encubre, pero es una realidad que debemos tener siempre ante nosotros”.

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Foto: ecclesia.pt

David reinó en Israel durante cuarenta años: “Pero también cuarenta años pasan. Y David hace memoria de las promesas de Dios, hace memoria de su propia fe en estas promesas y se las recuerda a su hijo”.

Cuando en la ceremonia del Bautismo damos a los padres la vela encendida, la luz de la fe, les estamos diciendo: ‘Consérvala, hazla crecer en tu hijo y en tu hija y déjala como herencia’. Dejar la fe como herencia, esto nos enseña David, y muere así, sencillamente como cada hombre”.

La herencia más bella, la mayor herencia que un hombre, una mujer, puede dejar a sus hijos es la fe”.