Me enfado con el Señor

En la misa matutina de la Residencia Santa Marta, explicó el Papa que los sacerdotes, en aquellos tiempos, ofrecían sacrificios pero debían ofrecerles continuamente, año tras año, porque no eran definitivos.

Y el primer paso de Jesús en el mundo fue: «yo vengo a hacer tu voluntad». Y la voluntad del Padre era que con este sacrificio se aboliesen todos los sacrificios y este fuese el único: «Tú no quisiste, no te agradaron ni sacrificios ni oblaciones, ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. He aquí que vengo a hacer tu voluntad»”.

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Foto: ecclesia.pt

El Señor dialoga siempre con los que invita a hacer este camino y a decir el ‘heme aquí’. Tiene mucha paciencia, mucha paciencia”.

Precisamente repasando las Escrituras nos damos cuenta de que la respuesta no está descontada para nada: ¿Voy a esconderme, como Adán, para no responder? ¿O cuándo el Señor me llama, en vez de decir ‘heme aquí’ o ‘¿qué quieres de mí?’, huyo, como Jonás que no quería hacer eso que el Señor le pedía?”.

Alguno podría también tener una duda: ‘¿Se puede discutir con el Señor?’. Sí, a Él le gusta. A Él le gusta discutir con nosotros. Cuando alguno me dice: ‘Pero, padre, yo muchas veces cuando voy a rezar me enfado con el Señor…’, la respuesta es: ¡También esto es oración! ¡A Él le gusta, cuando tú te enfadas y le dices a la cara lo que sientes, porque es Padre! Pero esto es también un ‘heme aquí’”.

Colaborar a la venida del Reino de Dios

El Papa Francisco siguió su catequesis de Adviento hablando sobre la esperanza cristiana, como algo que todos necesitamos en nuestra vida.

El Profeta Isaías nos ayuda a abrirnos a la esperanza y a acoger la Buena noticia de la Salvación con un canto de alegría, porque el Señor está ya cerca”.

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La presencia de Dios en medio de su pueblo, entre los pequeños, en las realidades adversas o cuando llega la tentación de pensar que ya nada tiene sentido, se convierte, esta presencia, en portadora de libertad y de paz”.

Del mismo modo, nosotros estamos llamados, ante el misterio del Niño Dios en Belén, a darnos cuenta de esta urgencia y a colaborar a la venida del Reino de Dios, que es luz y que debe llegar a todos”.

La cultura nociva del descarte

El Papa ha recibido en audiencia a la Asociación Nacional de Trabajadores Ancianos italianos y les ha advertido de la relevancia de los ancianos.

La Iglesia mira a las personas ancianas con afecto, gratitud y gran estima, como parte esencial de la comunidad cristiana y de la sociedad, pues representan las raíces y la memoria de un pueblo”.

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Ustedes tienen la misión de dar testimonio de los valores que realmente importan y que permanecen para siempre”.

Estamos llamados a trabajar para el desarrollo de la cultura de la vida, dando testimonio de que cada etapa de la existencia es un don de Dios y tiene una belleza e importancia propias, aunque esté marcada por la fragilidad”.

Hemos de contrarrestar la cultura nociva del descarte, que margina a los ancianos considerándolos improductivos. Favorecer los lazos entre generaciones porque el futuro de un pueblo requiere el encuentro entre jóvenes y ancianos”.

El huésped de piedra

El Papa ha comentado el evangelio de hoy y el evangelista Lucas narra de Jesús, que mientras estaba en camino hacia Jerusalén, entra en un poblado y es recibido en casa de dos hermanas: Marta y María.

Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen en diferentes modos. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cfr v. 39), en cambio Marta está ocupada preparando cosas”.

En sus quehaceres y ocupaciones, Marta corre el riesgo de olvidarse. Y este es el problema: corre el riesgo de olvidar la cosa más importante, es decir la presencia del huésped, que era Jesús en este caso”.

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Y el huésped no es simplemente servido, alimentado, cuidado en todos los sentidos. Es necesario sobre todo que sea escuchado. Recuerden bien esta palabra: ¡escuchar! Porque el huésped es acogido como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y de pensamientos, para que se pueda sentir verdaderamente en familia. Pero si tú recibes a un huésped en tu casa y continúas a hacer las cosas, lo haces sentarse allí, callado él, callado tú, es como si fuera de piedra: el huésped de piedra. ¡No! El huésped es escuchado”.

Si nosotros vamos a rezar -por ejemplo- delante al Crucifijo y hablamos, hablamos, hablamos y hablamos, y después nos vamos: ¡no escuchamos a Jesús! No dejamos hablar a Él a nuestro corazón. Escuchar: aquella palabra es clave. ¡No olviden! No debemos olvidar que la Palabra de Jesús nos ilumina, nos sostiene y sostiene todo lo que somos y que hacemos”.

Notarios del ‘status quo’

El Papa Francisco, en su viaje a Armenia, comentó el pasaje del Evangelio ‘la paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy yo como la da el mundo’ señalando que “nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar”.

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¡Qué grandes son hoy los obstáculos en el camino de la paz y qué trágicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecución a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferación y del comercio de armas, por la tentación de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los débiles, a los pobres y a los que piden sólo una vida digna”.

También les animó a aprovechar la gran sabiduría de sus ancianos para desear “ser constructores de paz: no notarios del ‘status quo’, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliación”.

Se parten el pecho para criar a sus hijos

En la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de San Juan de Letrán y profundizó en la frase “Hagan esto en memoria mía”.

Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el ‘hacer’ la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo”.

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Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente”.

También esto es ‘hacer’ con Jesús, es ‘dar de comer’ con Él. Un milagro destinado no sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre”.

Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía”.

Cristianos que son ‘momias espirituales’

La homilía del martes en Santa Marta, el Papa nos ha ayudado a entender que Jesús es el camino.

Un cristiano que no camina, que no hace camino, es un cristiano no cristiano. No se sabe lo que es. Es un cristiano un poco ‘paganizado’: está allí, estancado, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las Bienaventuranzas en su vida, no hace las obras de misericordia… Está parado. Perdónenme la palabra, pero es como si fuera una ‘momia’, allí.., una ‘momia espiritual’. Y hay cristianos que son ‘momias espirituales’. Parados, allí. No hacen daño, pero no hacen el bien”.

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Foto: ecclesia.pt

Son errantes en la vida cristiana, vagabundos. Su vida es un ir dando vueltas, aquí y allá, y así se pierden la belleza de acercarse a Jesús, al camino de Jesús. Pierden el camino, porque van dando vueltas, y tantas veces ese vagabundear, los lleva a una vida sin salida: el vagabundear demasiado se transforma en un laberinto y después no saben cómo salir. Han perdido esa llamada de Jesús”.

¡Y pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre!”.

Pidamos esta gracia”.